Me re colgué. El día del amigo me había dejado pensando. No me llevo muy bien con los días que son “días de”. Cito algunos: el de la madre, del padre, de los enamorados, ni hablar de halloween y en especial el de la primavera. Este último me irrita de sobremanera. Que sé yo. Me inquieta un poco ver como una determinada fecha, elegida por el mercado para desplegar toda su colorida parafernalia, actúa sobre nosotros como si tuviésemos un botón en la espalda al que un dedo gigante e invisible presiona para que salgamos a comprar regalos que “son una pavadita”, tarjetas para escribir en el dorso, hacer llamados o mandar mensajes de texto y cadenas de mails.

Bueno, soy un plomo. No me interesa apuntar hacía lo genuino que se deja entrever y que es el leitmotiv de casi todas esas reuniones y salidas; porque sin ir más lejos, a pesar del párrafo que me mandé arriba, ese domingo me encontré sentado en la parte de atrás de un auto conducido por un amigo. ¡Que contradicción! La idea era ir a alguna plaza, a tomar un poco de aire y de mate. No terminamos yendo a ningún lugar. Pero eso es una fija con casi todos mis amigos, que no son tantos.

En fin; miraba por la ventanilla hacia el parque Urquiza, que estaba atestado de chicas y chicos un poco más jóvenes que yo, en pleno picnic invernal y pensaba en aquella consigna que Néstor Kirchner pronunció en la última marcha de dos martes atrás. Dos días después que se diera a conocer el resultado de las votaciones en el Senado. “Ganar las calles” dijo el presidente del PJ esa tarde, dirigiéndose principalmente a la juventud presente y ausente. Es que la conceptualización de nuestra potencialidad política comienza ahí, en las calles. Lo que había en el parque Urquiza era la versión más estéril de esa idea.

Últimamente se viene hablando mucho de nuevas amistades, de nuevas alianzas. Es curioso como los medios manejaron estas últimas dos semanas “el cierre del conflicto”. Hay que bajarlo un poco a ese cierre para poder ver lo que hay detrás. Ciertas palabras sueltas cobraron fuerza e impulso y volaron eyectadas, convertidas ya en nuevos discursos, hacía miles de bocas que repiten como loros las frases hechas que se escuchan en radio y televisión. El voto de Cobos fue hacía la paz social, buscando promover el dialogo y el consenso. Muchos se refirieron a ese voto como el que calmaría las aguas, al aportar cuotas de sensatez y cordura, y que lograría que todos volviéramos a ser amigos. Eso fue lo que se vio y lo que se dijo. Son migajas del sentido común, hoy acaparado y deglutido por la derecha, porque en realidad lo que hay es cero ganas de dialogar con nadie y la certeza de que el conflicto sigue. Leía un artículo de opinión escrito por Washington Uranga para Página/12 donde se revelan las intenciones ocultas en la decisión del vicepresidente, y la verdadera sensación ambiente que quedó un poco tapada por este aparente clima de “tranquilidad social”.

“¿Cuál fue el conflicto que llegó a su fin?” Se pregunta Uranga como disparador para explayarse en el tema. “Para sincerar la situación habría que decir que, con su voto “no positivo” en el Senado, el vicepresidente permitió volcar la balanza en favor de los intereses de los grupos económicos más poderosos “del campo”. Eso es todo. No hay solución al conflicto y seguramente no la habrá en mucho tiempo. Porque en definitiva lo que está en juego no es otra cosa que la distribución del poder, económico y político. Y el conflicto –que no es bueno ni malo en sí mismo– es parte integral de los procesos sociales, es inherente a la democracia misma.”

Aquellos que entablan vínculos pasionales con la política me entenderán cuando digo que lo quedó flotando es una mezcla de bronca e impotencia a la que hay que batir todos los días para tratar de hacerla un poco más soluble. Pero es imposible, al menos para mí. Y uno termina defendiéndose casi a los gritos de argumentos bizarros que andá a saber de que procesos mentales habrán salido. Porque está claro que esa suerte de identificación que forjó gran parte de la clase media con la figura de Cobos, en su momento más mediático, deviene de la imposibilidad de bancarse, de no poder soportar la política de inclusión social que intenta llevar a cabo el gobierno. Desde ese lugar Cobos fue visto como un héroe; es decir, como alguien que cambió la historia. Expresando implícitamente para una parte, que ese cambio fue para bien. A nadie se le cruzó por la cabeza que la aprobación de una ley no recae sólo en la Presidenta, que ella necesita del apoyo de un equipo para poder llevar adelante un proyecto, que fue lo que la gente votó en Octubre del año pasado y que espera que se concrete. Uno cuando pone la boleta en el sobre y después lo lleva a la urna no está haciendo ta-te-tí. No elige al menos peor o al más simpático. De esa elección se desprende que hubo alguien que supo discernir una propuesta de modelo de país de otra. Y yo entiendo por mejor modelo a aquel que tenga entre sus principales prioridades que la capacidad de discernimiento sea de todos y todas, porque esa sigue siendo hoy la materia pendiente.

Me siento como una maestra de primaria diciéndole al grupete que festeja que ya estamos grandes para seguir jugando al amigo imaginario.

Un Comentario

  1. Acabamos de crear Rosario Bloggers, una red de intercambio, información, y participación, creada por y para bloggers rosarinos (y zona).
    Pretende ser un punto de encuentro, en el cual poder compartir información, curiosidades, y sobre todo dar a conocer eventos que pueden interesarnos a nosotros… los bloggers.
    Desde aquí podrás invitar a colegas amigos, saber qué están haciendo dentro de la red a cada momento, subir tus videos, tus fotos, compartir de manera automática tus escritos, proponer actividades, abrir foros y diseñar tu espacio.
    Rosario Bloggers es tu canal de contactos. UNITE acá!!!


Escribe un comentario

*
*