Aquellos que nacimos entre mitad y fines de los ochentas poseemos un capital cultural que, sólo cuando las fibras del pasado rozan con las del presente, ancla en emociones que descubren un sentimiento llamado nostalgia y cuyo caudal, en mi caso particular pero, arriesgo, no único, está encauzado hacia el terrero de la animación; si, dibujos animados.

El plástico, ya consolidado tiempo atrás como sustancia-símbolo, -había desplazado a la madera como objeto lúdico infantil-, aburguesaba todo lo que tocaba a su paso. Era común, por aquel entonces, que las caricaturas fueran vistas como meros anuncios comerciales de juguetes; es que eran armadas justamente para eso. Sin embargo, había excepciones que lograban como mínimo moldear un producto que oscilaba entre la bonanza comercial y el logro artístico. Estas excepciones marcaron un antes y un después tanto en lo técnico como en lo teórico: no sólo cambió la forma en la que se produce la animación; también nos cambió a nosotros y a nuestra visión del mundo. Para bien o para mal, nos dejaron impresa una huella, una impronta camp a muchos de nuestra generación.

Por eso tengo que confesar, y no me carguen, que siento una gran debilidad por la hermana gemela de He- Man. Es que antes de Jessica Rabbit, Sailor Moon, Holli Would, Aeon Flux, Lara Croft, las chicas súper poderosas y demás féminas animadas, existió She-Ra: la princesa del poder. Fue una de las precursoras del famoso Girl power, poder femenino, en una década (los ochentas) en el que el paradigma de la mujer fálica, es decir, con poder de decisión, fuerte e independiente, todavía no se había gastado. De hecho, para la cultura de masas, el fenómeno recién comenzaba a solidificarse con guiños emitidos dentro de la cultura pop y hacia afuera, siendo Madonna la que marcaría tendencias en ese apartado. Me pregunto cuanto influyó la chica material en el aspecto físico de la protagonista ya que su parecido (más si se tiene en cuenta la época) es llamativo. Otra influencia, y esta si es innegable, es la mujer maravilla, otra de mis obsesiones, a la que Filmation, el estudio estadounidense de animación de bajo presupuesto que produjo She-Ra, decidió homenajear al otorgarle a esta la habilidad de transformar su espada mágica en lazo justiciero; uno de los símbolos más significativos de nuestra querida princesa de las amazonas.

She-Ra lo tenía todo; bah, todo lo que podía tener una serie que fue pensada desde el principio como una publicidad de 20 minutos para vender los ahora tan buscados y cotizados “action figures” o muñequitos articulados. Piernas sexys, una heroína que le escapaba al estereotipo de princesa letárgica, y que en cambio prefería hacerse cargo de la situación siempre con mucha actitud, estilo y una cuota de compasión que a veces resultaba envidiable, trasfondo político y social (en uno de los episodios, uno de los villanos le roba a la protagonista su voz, en una clara alusión a la imposibilidad del derecho de libertad de expresión) y como cierre de cada capítulo las infaltables moralejas aleccionadoras que, si uno las revisita ahora, pueden causar tanto risa como vergüenza. Todo batido con los mismos ingredientes que hicieron de He-Man un clásico de culto y que elevaron a este spin-off a la categoría de icono subcultural; la serie toda podría ser bandera gay, con su despliegue de colores pasteles, arco iris, unicornios voladores y su mensaje que habla de la libertad, y una vida sin opresión y con igualdad de condiciones.

En fin, escribo esto frente a un abrupto ataque de nostalgia al que se lo atribuyo al canal Retro, que la resucitó junto a su musculoso y bronceado hermano. Gracias, Retro.

Un Comentario

  1. Bien por vos Andresm me parece muy bueno el blog, y vivan los 80’s


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