Archivos mensuales: Mayo 2008

No sabía como pasó, pero lo intuía. Después me cayó la ficha. A dos amigos, o los traicionó su futuro al servicio de la mercadotecnia o realmente buscaron y buscaron hasta encontrarle a lo que yo escribo acá un costado comercial. Porque uno de ellos me dijo “estamos promocionando tu blog”. Esa palabra usó. Supongo que se referían a la circulación de este por la red para que ganara algún tipo de notoriedad o popularidad. Parece que es cierto eso que dicen que si no lo encontrás en Internet no existe en ningún otro lugar. Pero queridos, si hay algo que nunca me interesó en la vida fue ser popular. ¿Cómo iba a pretender similar destino para este espacio? Esto lo pensé pero no se los dije temiendo que me hicieran esa pregunta que terminé haciéndomela yo mismo y que desecandenó lo que estoy tipeando: ¿entonces para qué escribo?

Durante meses Locked Bubble fue mi burbuja cerrada con llave; una suerte de diario íntimo virtual en el que me interesaba más liberarme de algunas inquietudes que anidaban en mi cabeza que contar, por ejemplo, que comí hoy al mediodía. Reconozco que es mi lado más radical el que me aleja del fotolog y de la naturaleza misma que soportan los blogs, pero es un desvío que tiene que ver más con una critica que con una postura cool; una interrogación a la multiplicidad de paradigmas o a la ausencia de ellos, según como se lo mire. No estoy en contra de la democratización del arte, si creo que indudablemente, es el don, el talento, el que posee una fuerza sobrenatural para romper con lo establecido y que queda en evidencia cuando nos interpela, cuando nos exige el extrañamiento, el oscurecimiento de los sentidos para lograr la claridad sobre otros aspectos antes pasados por alto. Una visión distinta de las cosas.

Hasta que apareció en pantalla el aviso de que un comentario, el primero, esperaba por mi decisión; y ahí me vi en un aprieto. Por suerte era amable, aunque de no haberlo sido lo hubiera aceptado igual porque creo en la pluralidad de opiniones y porque, básicamente, nunca me detuve a pensar de que manera debería ser “mi público”, si es que existe tal cosa.

“tenés que hablar más sobre vos, no dar tantas vueltas” ordenó con onda otro de mis amigos. Decodifiqué que lo que él quería decir, era que no tengo que pensar cada cosa que me pasa. En “universos” recuerdo que conté mi miedo a quedar como un estúpido –porque a la estupidez yo la identifico como un camino de ida, liso, sin baches, cómodo, de fácil acceso y sin retorno–, y como ese miedo resultó funcional a la chispa que puso en marcha el motor de un mecanismo imposible de frenar. Ese “no dar tantas vueltas” que me quedó rebotando, significaba algo más. Algo que, en un principio me costó descifrar, sobre todo por la aparente simplicidad con que fue soltado. Y ahí me hizo clic. Cometí la estupidez de dejar pasar lo simple. De camuflarlo en banal, pasajero, escaneable. Admito que para aquellos que buscamos sentir que al apretar el botón izquierdo de mouse estamos haciendo más que eso, el mundo se nos vuelve un tanto más complicado. El tomarse demasiado en serio es una tarea arriesgada, que implica perder muchas cosas, entre ellas, el sentido del humor. Sobre esto, Roxana Kreimer, filósofa, la tiene mil veces más clara que nadie: “El sentido del humor es el término medio entre la frivolidad, para la que casi nada tiene sentido, y la seriedad, para la que todo tiene sentido. El frívolo se ríe de todo, es insípido y molesto, y con frecuencia no se preocupa por evitar herir a otros con su humor. El serio cree que nada ni nadie deben ser objetos de burla, nunca tiene algo gracioso para decir y se incomoda si se burlan de él. El humor revela así la frivolidad de lo serio y la seriedad de lo frívolo”.

Esta época, más que cualquier otra, nos demanda equilibrar nuestras percepciones de lo frívolo y lo serio; que coexistan sin que se coman una a otra. Es necesario porque a mi entender, no hacerlo equivaldría a desechar una herramienta útil para intentar elastizar la moral que, arriesgo, tiene que ver con esto. Lo que quiero decir es que, muchas veces, cuando se da por hecho una situación, una circunstancia, o lo que fuese, lo que se hace en realidad es etiquetar; la ética del todo a la misma bolsa. La presencia de algo que implique que ese eje, ese lugar seguro, se corra y nos sorprenda produce temor y nos frena, nos evita acercarnos a lo diferente o nuevo. Esa si que es una verdadera estupidez. Ahora me doy cuenta que trasladado a un contexto virtual, los blogs y sus derivados, de frívolo no tienen nada. Si les pesa en contra ese discurso que gira siempre entorno a un nuevo soporte de lectura, pero que llega hasta ahí. Comprendí que, sin darme cuenta y de un sólo clic, le había absorbido el alma que abrigaba el propósito o la intención de un blogger de raza: la de compartir, la de encontrar un lugar en común a partir de la subjetividad. Deben de existir miles de razones que me impulsan a escribir acá; paliar ese sentimiento de soledad ideológica que me invade en ocasiones, es una de ellas.